Da la Cara: revela tu diagnóstico
del VIH
por Lydia Santiago
En la cultura latina,
dar la cara significa asumir responsabilidad en momentos difíciles.
Revelar tu diagnóstico del VIH es uno de esos momentos, porque
estás en medio de una crisis psicológica, sientes temor, vergüenza
y culpa. Tienes miedo a ser rechazada por personas allegadas.
Tienes miedo a ser agredida personal e institucionalmente.
Y el miedo es el peor enemigo porque te lleva a guardar silencio.
Como muchas mujeres que viven con el VIH, guardas silencio
porque crees que así te proteges. Sin embargo, este silencio
te pone en un riesgo aún mayor.
La revelación del diagnóstico
puede significar una forma de sobrevivencia para tí. Se ha
comprobado que las experiencias traumáticas provocan problemas
de salud mental y física. Algunos estudios sugieren que cuando
la persona escribe o habla acerca de sus experiencias traumáticas
experimenta cambios fisiológicos y psicológicos positivos.
Tal vez, eres una de esas personas que mantienen secretos
para proteger a sus seres queridos del sufrimiento. Y, como
ellas, te enfrentas al dilema de elegir entre qué es preferible:
el bienestar del otro o el tuyo.
Si me preguntas si tienes
la obligación de revelarle a alguien tu diagnóstico del VIH+,
mi respuesta es que no tienes la obligación de revelárselo
a nadie. Revélaselo a quienes puedan representar una fuente
de apoyo y ayuda. A proveedores de servicios de salud para
que te ofrezcan servicios médicos y psicosociales. A tu pareja
sexual, para que ambos puedan protegerse utilizando condones
y evitar la transmisión del virus o la coinfección. A tu familia
y personas allegadas, para que tengas apoyo en momentos de
crisis y te ayuden con el tratamiento. Y, cuando finalmente
te sientas fuerte para dar la cara a los miembros de la comunidad,
para que luches por tus derechos y los derechos de otras mujeres
que viven con el VIH.
A los proveedores de
servicios de salud
Estos pueden ser fuentes
de apoyo, pero también de estrés. Las mujeres VIH+ han tenido
que lidiar con el desconocimiento y la falta de información
de algunos proveedores. Algunas ocultan su diagnóstico por
desconfianza y ante el temor a que les nieguen los servicios.
Otras deciden revelarlo para obtener tratamientos cuando comienzan
los síntomas y, en algunos casos, puede ser muy tarde. Cuando
estableces una comunicación abierta y franca con los proveedores
de servicios de salud, se te hace más fácil seguir los tratamientos.
A tu pareja sexual
La prevención del VIH depende
principalmente de la responsabilidad sexual de ambos miembros
de la pareja y de la revelación del diagnóstico. Algunas mujeres
no revelan el diagnóstico a su pareja sexual por miedo a ser
rechazadas, abandonadas y, en algunos casos porque temen ser
agredidas. La angustia de guardar el secreto tiene consecuencias
muy serias en tu bienestar psicológico y calidad de vida.
Cuando la relación y la comunicación de la pareja es buena,
el apoyo y la motivación hace más fácil dar la cara a la situación.
A tu familia
Nos han enseñado que “los
trapos sucios se lavan en la casa.” Los asuntos de la familia
se quedan en la familia, pues si la gente se entera, comenzarán
los rumores y los chismes. Las familias que viven con el VIH
tienen que dar la cara a la estigmatización social, al rechazo,
al aislamiento y al miedo al contagio. La familia latina está
acostumbrada a decir presente en “las buenas y en las malas.”
Para muchas familias, el acto de compartir el diagnóstico
representa la oportunidad de restablecer vínculos que se habían
roto. Para otras, es una oportunidad de demostrar amor incondicional.
Tal vez tú, deseas proteger del impacto emocional que provoca
el diagnóstico del VIH, a las personas más allegadas a ti
y guardas silencio. En muchas ocasiones, los miembros de la
familia aun sabiendo el diagnóstico, se unen a esta conspiración
del silencio. Todo el mundo sufre, pero recuerda que el dolor
compartido es siempre menor.
A tu comunidad
Revelar tu diagnóstico puede
llevarte al proceso de apoderamiento (“empowerment”) como
persona que vive con el VIH. Cuando compartes tus experiencias
y la forma en que has dado la cara en los momentos difíciles
de tu vida, ayudas a otros a dar la cara. ¿Cómo enfrentarse
a la opresión, al aislamiento, al abuso y a la agresión personal
e institucional? ¿Cómo exigir respeto a los derechos? ¿Cómo
reclamar el derecho a recibir servicios de salud justos y
a disfrutar de una calidad de vida adecuada? La respuesta
está en la solidaridad de las mujeres que viven con el VIH.
Unidas pueden enfrentar estos retos.
Atrévete a dar la cara!
Lydia Santiago, PhD
es psicóloga y profesora en el Centro de Cuidado Materno-Infantil
de la Universidad de Medicina de Puerto Rico.
Reimpreso por cortesía de
www.PositiveWords.com
© 2002 por Dallabrida & Associates
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