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Positively Aware

Positively Aware en Español

La Serie del Tratamiento de VIH

Auspiciado en parte por una subención sin restricciones de Abbott Virology

Complicaciones Metabólicas Asociadas con el VIH

 

A partir de 1995 los tratamientos para el VIH comenzaron a demostrar resultados extraordinarios, disminuyendo el porcentaje de muertes, el número de hospitalizaciones y alargando la vida de las personas. Sin embargo, cerca de 1997, después de una tregua en un largo período de desesperanza causada por el SIDA, surgió un nuevo motivo de ansiedad en miles de personas que estaban mejorando, sobreviviendo y recomenzando sus vidas. A pesar del uso de medicamentos anti-VIH efectivos, surgió una condición con una “apariencia” similar al SIDA. Los médicos comenzaron a reportar problemas metabólicos y cambios extraños en la forma del cuerpo de sus pacientes VIH positivos. La noticia sobre este nuevo síndrome apareció en los periódicos. Las listas de discusión por correo electrónico hicieron que muchos se volcaran al Internet para conseguir apoyo y activismo. Los científicos trataron de encontrar pistas. El nuevo síndrome era tan problemático como desalentador para aquellos que habían sobrevivido al SIDA. La alegría causada por la efectividad del tratamiento del VIH pareció desvanecerse.

En ese momento no conocíamos la causa de los cambios metabólicos y la histeria y el miedo a lo desconocido hicieron que se culpara a los inhibidores de la proteasa (IP) por cada problema metabólico y de la distribución de grasa. Desde 1997, hemos aprendido que la enfermedad del VIH avanzada y la monoterapia con INTR (inhibidores nucleósidos de la transcriptasa reversa) también contribuyen a cambios metabólicos que se comenzaban a observar en algunos pacientes.

Los desórdenes metabólicos reportados incluyen un gran número de síntomas e irregularidades que afectan a algunas personas VIH positivas pero no a todas. Para comprender los beneficios de la terapia antirretroviral sumamente activa o TARSA (HAART por sus siglas en inglés) se pueden dividir los problemas metabólicos en dos categorías principales. Existen problemas relacionados a la grasa (redistribución de las grasas, aumentos en los niveles de colesterol y de triglicéridos) y problemas de resistencia a la insulina. Por ejemplo, se ha atribuido a los INTR y a algunos IP los problemas de redistribución de grasas, pero estos también se han observado en personas VIH positivas que no toman medicamentos. Se cree que la redistribución de grasas no está relacionada con el aumento de los niveles de colesterol y triglicéridos en la sangre. Por otra parte, el aumento de los niveles de colesterol y triglicéridos también ocurre en personas VIH negativas. Sin embargo, algunas combinaciones de IP y de INTR aumentan considerablemente los niveles de triglicéridos y crean un síndrome metabólico en personas VIH positivas. Hoy sabemos mucho más que hace cinco años atrás, pero aún no se comprende bien la frecuencia, la causa, ni el tratamiento. Es todo muy complicado.

Para comprender mejor lo que está sucediendo, es importante analizar la manera en que surgió el síndrome. Cerca de 1997 algunas personas con SIDA comenzaron a notar cambios importantes en la forma del cuerpo, algo que parecía similar al síndrome de desgaste (wasting) de los primeros años de la epidemia. Esto sucedía aunque las personas estuvieran sanas y con el virus bajo control. En algunos individuos, estos cambios se presentaban como adelgazamiento de las piernas, de los brazos y la cara demacrada. A esta pérdida de grasa corporal ahora la llamamos lipoatrofia. En otras personas se producía una redistribución de la grasa provocando un abultamiento en el estómago y/o una joroba en la parte posterior del cuello. Esta condición se llama lipodistrofia. Además, también se observaron anormalidades en los niveles de los lípidos, del colesterol, de los triglicéridos y de la glucosa.

El período de 1995 a 1997 fue muy difícil para los pacientes y los doctores. Algunos médicos se negaban a tomar medidas sobre estos cambios ya que los medicamentos anti-VIH eran efectivos. Tenían la actitud de “no arreglar nada que no esté roto”. A veces no se prestaba mucha atención a la preocupación del aumento de los lípidos y de la redistribución de la grasa porque finalmente se podían salvar vidas con los medicamentos, o sea que no se trataba de una negligencia. Los activistas sintieron una mala disposición por parte de las compañías farmacéuticas para conducir estudios sobre sus medicamentos, ya aprobados, porque temían que se descubriera que estos eran los causantes del problema. Cabe recordar que en ese momento existían muchos interrogantes y los cambios metabólicos y morfológicos no eran un problema cuando se estaban haciendo los estudios en fase IV, por lo que no se llegaron a estudiar.

La comunidad del VIH se movilizó una vez más como al principio de la epidemia y se creo el Foro de Investigaciones Colaborativas sobre el VIH (en inglés Forum for Collaborative HIV Research). Se formaron listas de correo electrónico para que las personas compartieran sus experiencias con las diferentes complicaciones metabólicas y se presionó a las compañías farmacéuticas para que comenzaran a investigar sus medicamentos y a analizar si tenían algo que ver con los problemas metabólicos. La mayor parte de los síntomas de redistribución de la grasa son cosméticos y no son serios, al menos a corto plazo. Sin embargo, los cambios en la forma del cuerpo crean una nueva apariencia del SIDA y aquellos afectados lo encuentran incómodo y estigmático. Por otra parte, existe evidencia que demuestra que los efectos del aumento de los lípidos a largo plazo pueden manifestarse como enfermedad del corazón, de los huesos y como acidosis láctica. Es necesario averiguar qué está pasando e intervenir antes de que se desarrollen condiciones que pueden ser mortales.

A pesar de que existen guías para disminuir los niveles de colesterol y de los triglicéridos para la población en general, hasta ahora no existían guías para ayudar a los médicos en el tratamiento de la lipodistrofia y la lipoatrofia, excepto información en revistas médicas y conferencias. Como resultado de investigaciones colaborativas en SIDA, un panel de la Sociedad Internacional de SIDA (en inglés International AIDS Society o IAS) integrado por 12 de los principales investigadores de esta disciplina, ha recopilado un informe al respecto. Las guías fueron dadas a conocer en noviembre de 2002 en la revista Journal of Acquired Immune Deficiency Syndrome (Volumen 31, Nro. 3). Para obtener una copia visite el sitio de Internet www.iasusa.org (en inglés solamente).

El informe hace recomendaciones para guiar a los médicos en el diagnóstico y manejo de las complicaciones. Antes de que aparecieran estas guías no se sabía mucho sobre el síndrome. A pesar de que los miembros del panel admiten que aún hay mucho por aprender, existe un mayor conocimiento sobre las causas de la lipodistrofia. Recomiendan que lo mejor que se puede hacer es vigilar a las personas en tratamiento antirretroviral, hacer un diagnóstico correcto, en algunos casos usar medicamentos para disminuir el nivel de los lípidos, y cambiar, o en el peor de los casos, abandonar los medicamentos antivirales si los riesgos son mayores que los beneficios. A pesar de que se podría esperar un riesgo mayor de enfermedad cardíaca en personas VIH positivas, existe información que demuestra la existencia de un riesgo similar de dicha condición entre personas VIH positivas y VIH negativas, teniendo en cuenta variados factores de riesgo, como por ejemplo la raza y el hábito de fumar.

Las guías de la IAS ayudan a comprender las complicaciones metabólicas dividiéndolas en categorías, presentando luego información médica y por último haciendo recomendaciones sobre el diagnóstico, la vigilancia y los tratamientos que se conocen para tratar los síntomas.

Diabetes, resistencia a la insulina y tolerancia a la glucosa alterada

La resistencia a la insulina y la tolerancia a la glucosa alterada indican diabetes y forman la primera categoría de las guías de la IAS. Resistencia a la insulina significa que las células del cuerpo pierden sensibilidad a los efectos de la insulina. Se necesita más y más insulina para que el azúcar sea transportado hacia el interior de las células del cuerpo (más de 200 u/día durante una semana en lugar de 30 a 50 u/día). Esto abruma al páncreas y este puede dejar de funcionar. Con el tiempo se requiere más insulina, hasta llegar a un punto en el que la cantidad que produce el páncreas es insuficiente para realizar su función. La tolerancia a la glucosa alterada ocurre cuando el cuerpo no utiliza la insulina con eficacia o cuando no produce suficiente insulina, lo que resulta en niveles excesivos de azúcar en la sangre. Como ya sabemos, demasiado azúcar puede causar varios problemas. Ambos indican la presencia de diabetes. Aún no se sabe cuántas personas VIH positivas y con resistencia a la insulina desarrollarán diabetes. Sabemos que en las personas VIH negativas, la resistencia a la insulina está relacionada con un riesgo mayor de padecer complicaciones cardíacas, pero no sabemos si sucede lo mismo en personas VIH positivas. Antes de la aparición de los medicamentos anti-VIH, la resistencia a la insulina, la intolerancia a la glucosa y la diabetes se observaban raramente en personas VIH positivas. Sin embargo, algunos estudios demuestran que el 40% de las personas VIH positivas que toma un régimen que contiene un inhibidor de la proteasa tendrán niveles de glucosa altos. Existen algunas pistas sobre el mecanismo por el cual los inhibidores de la proteasa causan resistencia a la insulina, pero no se sabe con seguridad. Se deben hacer estudios comparativos para comprender esta situación. Se recomienda a los médicos que determinen si el paciente ha tenido niveles anormales de glucosa en ayunas o historia familiar de diabetes, antes de que empiece a tomar un inhibidor de la proteasa. Algunas investigaciones han demostrado que los nucleósidos análogos producen una desintegración de grasa, llamada lipólisis, lo que puede contribuir a la resistencia a la insulina, por lo tanto, todas las clases de medicamentos podrían causar el problema.

Se han hecho estudios pequeños con metformin en personas VIH positivas y parece que ayuda a reducir los niveles de insulina, la circunferencia de la cintura, la presión arterial y el riesgo de enfermedad del corazón. Los tiazolidinediones aumentan la sensibilidad a la insulina en personas VIH positivas que tienen resistencia a la misma y que padecen aumento en el nivel de los lípidos en la sangre. Sin embargo, debido a sus efectos secundarios las guías recomiendan cautela con el uso de estos medicamentos. En ausencia de otros tratamientos, las guías de la IAS sugieren mantener una dieta balanceada y hacer ejercicios rutinariamente independientemente que usted sea VIH positivo o negativo. También se recomienda a las personas VIH positivas con sobrepeso que adelgacen, ya que la obesidad es un factor que contribuye al riesgo de desarrollar diabetes.

Anormalidades de los lípidos

Las guías de la IAS se refieren extensamente a las anormalidades de los lípidos (los cambios en las moléculas de grasa de la sangre, llamadas colesterol y triglicéridos). En la enfermedad del VIH se observa el aumento de dos tipos de lípidos, las lipoproteínas de densidad baja (LDL por sus siglas en inglés) y los triglicéridos. Ambos están ligados a la enfermedad cardíaca, aunque existe muy poca evidencia sobre la conexión entre la enfermedad cardíaca y los niveles altos de triglicéridos. La lipoproteína de densidad alta (HDL por sus siglas en inglés) es necesaria para transportar lípidos de la sangre a los tejidos del cuerpo.

En ocasiones, los niveles de HDL disminuyen con el uso de antirretrovirales. Antes del uso de TARSA, muchas personas VIH positivas tenían niveles bajos de colesterol, lo que era considerado algo bueno. Pero en la actualidad, se asocia el uso de los inhibidores de la proteasa con aumentos de los niveles de colesterol LDL y de los triglicéridos. También pueden influir los factores genéticos. A pesar de que el inhibidor potente de la proteasa ritonavir (Norvir) produce los peores efectos en los niveles de los lípidos, las guías admiten que no existe suficiente información como para descartar el papel de otros antirretrovirales. Por ejemplo, información reciente asocia el uso de Zerit (d4T) y de Sustiva (efavirenz) con el aumento de los niveles de colesterol. Al igual que con la resistencia a la insulina, no es claro cuál es el mecanismo por el cual se producen anormalidades en los lípidos con el uso de los antirretrovirales. Debido a la gran cantidad de medicamentos para el SIDA y la falta de análisis de los medicamentos a largo plazo, estas son preguntas importantes que necesitan respuesta.

Años de investigaciones médicas han demostrado que el efecto más grave del aumento del nivel de los lípidos es la enfermedad cardíaca. En las personas VIH negativas los factores asociados con un alto riesgo de enfermedad cardiovascular son la edad, la historia familiar, el sexo, fumar, tener diabetes, la hipertensión y la menopausia en las mujeres. Por lo tanto, se recomienda que las personas VIH positivas hagan los mismos esfuerzos preventivos, como dejar de fumar y mantenerse en peso. También es importante hacer cambios en la dieta y hacer ejercicios. Los medicamentos para disminuir los niveles de los lípidos dan buenos resultados en personas con problemas graves, pero lamentablemente no disminuyen el nivel a valores normales. No se han realizado estudios longitudinales sobre la enfermedad cardíaca y el VIH, ya que este se ha descubierto hace relativamente poco tiempo. Quizás pase mucho tiempo antes de que podamos establecer una asociación entre los medicamentos anti-VIH y la enfermedad cardíaca. Como no podemos esperar a que finalicen los estudios, es importante hacer esfuerzos para prevenir la enfermedad. Sin embargo, aquellos con antecedentes de haber tenido niveles elevados de lípidos o historia familiar de enfermedad cardíaca, deberían considerar la opción de cambiar un régimen que contenga un inhibidor de la proteasa por uno que no lo contenga.

Otro problema que puede ser mortal es la pancreatitis, la que se puede prevenir con la vigilancia de los niveles de los triglicéridos. Las guías de la IAS ayudarán al médico a que elija la mejor opción de tratamiento para el paciente.

Redistribución de la grasa corporal

Se observa redistribución de la grasa corporal en el 40% al 50% de las personas VIH positivas. La redistribución de la grasa se refiere al aumento de grasa en el tronco o en los senos y/o a la pérdida de grasa en la cara, las nalgas, los brazos y las piernas. También nos referimos a la joroba de búfalo (aumento de la cantidad de grasa en la zona posterior del cuello) y a los liponas (nódulos de grasa que no son necesariamente simétricos). La redistribución se observa en varios niveles y en combinaciones diferentes en las distintas poblaciones. Resulta difícil asegurar cuántas personas padecen de estos problemas ya que la manera de reportar el problema varía bastante. Cuando se reportaron los cambios en la grasa del cuerpo por primera vez se les dio el nombre “Crixbelly” (barriga de Crixivan) ya que Crixivan era el inhibidor de la proteasa que más se usaba en ese momento. Pero en realidad se han visto cambios en la grasa corporal antes de la aparición de los inhibidores de la proteasa, por lo que no se puede asegurar que Crixivan ni ningún otro inhibidor de la proteasa sean la única causa. Por el contrario, existe un estudio nuevo, realizado por Carl Grunfeld del San Francisco Veterans Hospital, que asegura que no existe diferencia en el tamaño del tronco cuando se comparan personas VIH positivas y VIH negativas. Este estudio ha generado un gran debate ya que somos testigos de este problema evidente en personas VIH positivas. No existe ningún medicamento anti-VIH que haya sido definitivamente relacionado a la redistribución de grasas. Las guías de la IAS sugieren que existe un vínculo entre la lipodistrofia y el uso de nucleósidos análogos y quizás el proceso se acelere cuando se agrega un inhibidor de la proteasa. De hecho, las combinaciones que incluían las dos clases de medicamentos se usaban de forma generalizada cuando apareció el síndrome.

También existen factores específicos de cada persona asociados con las anormalidades en la distribución de la grasa. Entre ellos se citan: la edad, el resultado inicial o el cambio en el índice de la masa corporal, duración de la infección con el VIH, efectividad del tratamiento, restauración inmunológica mediante el uso de medicamentos y pertenecer a la raza blanca. Una de las crueldades de la redistribución de grasa es que con más frecuencia las mujeres ganan grasa y los hombres la pierden.

Lamentablemente, al igual que un disco rayado, las guías repiten que no se ha identificado aún la causa de la redistribución de la grasa y por lo tanto el tratamiento no es definitivo. Las guías listan posibles tratamientos, los que deben considerarse teniendo en cuenta otras anormalidades metabólicas que pueda tener el individuo. El aumento de grasa no se revierte al cambiar o dejar de tomar medicamentos anti-VIH, sin embargo, un estudio en el que se cambió Ziagen (abacavir) o Retrovir (AZT) por Zerit (d4T) demostró mejorías en cuanto a la lipoatrofia. Las mitocondrias son organismos celulares microscópicos que controlan la vida de la célula y son la fuente de energía celular. Estudios demuestran que ciertos nucleósidos análogos las dañan. Sabemos que Zerit causa daño mitocondrial que puede provocar la redistribución de la grasa. El daño mitocondrial también podría ser la causa de daño nervioso y de otros síntomas.

Metformin, la testosterona, la hormona del crecimiento humano y las tiazolidinediones pueden mejorar el aumento de grasa pero hay que tener en cuenta la complejidad de cada tratamiento. Al igual que en el caso de las anormalidades de los lípidos, la dieta y los ejercicios son áreas que se están investigando. Es necesario hacer más estudios para averiguar qué está pasando en los casos de “redistribución de grasa corporal” y cómo tratarla. Los cambios corporales son tangibles y visibles, lo que puede indicar que alguien es VIH positivo y aumentar el estigma de la enfermedad.

Debido a que no existe un tratamiento para la pérdida de grasa en la cara, una propuesta dramática es la utilización de diferentes tipos de implantes. Se han hecho muy pocos estudios con implantes como New-Fill y además, hay muy pocos cirujanos plásticos que están capacitados para hacer implantes en personas VIH positivas. El procedimiento es caro y hay que repetirlo varias veces. Sin embargo, los implantes quizás sean el único recurso que tienen aquellos que se ven severamente afectados.

Acidosis láctica

La acidosis láctica es el aumento de los niveles de lactato en la sangre. Es una condición seria y muchas veces mortal que se ha observado en personas VIH positivas. Las guías de la IAS dicen que solo se observa en un 1, 5% al 2,5% de las personas en tratamiento y que es mortal en el 80% de los casos. Los síntomas incluyen fatiga, pérdida de peso, náuseas, dolor abdominal, dificultad para respirar y latidos cardíacos irregulares. No existen diferencias en cuanto a sexo, raza o grupo étnico como se creía antes. Sin embargo, las mujeres embarazadas quizás corran un mayor riesgo. Está asociada con el uso de medicamentos antirretrovirales por seis meses o más. El daño mitocondrial también sería un factor causante de acidosis láctica.

Las personas coinfectadas con hepatitis C que reciben tratamiento con ribavirín, corren un riesgo mayor de tener niveles altos de lactato en la sangre. No existe ningún tratamiento para disminuir el ácido láctico excepto interrumpir los medicamentos anti-VIH. Varios tratamientos complementarios han mostrado cierto éxito con otras enfermedades mitocondriales.

Enfermedades de los huesos

Una disfunción metabólica peculiar es la enfermedad de los huesos. Muchas personas VIH positivas han tenido una cirugía de reemplazo de cadera, procedimiento serio que típicamente se ve en los ancianos. La osteonecrosis (muerte del hueso debido a la circulación inadecuada de la sangre) en personas VIH positivas se ha reportado desde 1980, pero se ha visto un aumento con el uso de medicamentos antirretrovirales potentes. Una encuesta demostró que el 4.4% de las personas que reciben un estudio de resonancia por imágenes tienen necrosis de la cadera. Esta condición también se relaciona con el uso de corticosteroides y con los niveles elevados de los lípidos, pero hasta ahora no se la asocia con el uso de medicamentos anti-VIH. Por otro lado, la osteoporosis (desmineralización del hueso) no se observaba antes del uso de los antirretrovirales. Las guías dicen que se observa osteopenia (pérdida de mineral en los huesos) en el 22% al 50% y osteonecrosis en el 3% al 21% de aquellos que reciben un régimen que contiene un inhibidor de la proteasa. Se deben hacer estudios para determinar qué medicamentos son responsables de estos problemas. No está muy claro qué está sucediendo en cuanto a la enfermedad de los huesos, por lo que las guías no sugieren ningún tipo de estudio diagnóstico. Se recomienda a todas las personas VIH positivas que ingieran suficiente calcio y vitamina D y que hagan ejercicios en los que haya que soportar peso.

Lamentablemente, las guías de la IAS brindan muy poca información nueva. Es claro que existen muchas ambigüedades en cuanto a las complicaciones metabólicas del VIH y que es muy frustrante para aquellos que padecen el síndrome y están cansados de esperar respuestas. A pesar de la frustración, es claro que se han hecho avances. Hay muchos estudios en marcha y se están planeando otros para averiguar la frecuencia, las causas, tratamientos y los factores de riesgo de las complicaciones metabólicas. Una cosa es muy cierta: a medida que la gente viva más tiempo, aparecerán más problemas relacionados con los efectos secundarios a largo plazo, con el envejecimiento y todas las complicaciones de un sistema inmunitario dañado. Las complicaciones metabólicas resaltan el hecho de que a pesar de que tenemos medicamentos potentes contra el VIH, estos son deficientes y que el avance de la enfermedad continúa siendo un misterio. Tenemos que hacer las cosas mejor. Los investigadores y las compañías farmacéuticas deben seguir explorando nuevas maneras de controlar al VIH y más aún, encontrar maneras de mejorar el sistema inmunitario.

Las guías intentan servir a los médicos para ayudar a sus pacientes. Sin embargo, cada persona debe ser tratada como un individuo, tomando las guías como marco de referencia. Cada paciente tiene su propia situación. Las guías pueden asistir al proveer los recursos necesarios para diagnosticar y hacer un seguimiento de manera individual.

En la Conferencia Internacional de SIDA de Barcelona, una persona viviendo con el VIH y con complicaciones metabólicas habló abiertamente en una sesión. Él ha sobrevivido por mucho tiempo y ha sufrido muchos problemas de salud y efectos secundarios. Dijo: “es una cruel ironía que el 5% de las personas VIH positivas del mundo que tienen acceso a los medicamentos sean ambivalentes a los mismos, debido a los efectos secundarios, a llenar nuestros cuerpos con medicamentos y a la incertidumbre del impacto a largo plazo”. Muchas personas que toman medicamentos anti-VIH tienen miedo de tener que tomarlos para siempre. Quizás se tomen vacaciones de los mismos o los dejen del todo. Cuando las personas recién diagnosticadas ven el aspecto de una persona que toma medicamentos se niegan a comenzar a tomarlos o demoran el inicio. Cualquiera de esos escenarios representa un serio problema de salud pública para los pacientes y los proveedores de atención médica.

Parece que ha pasado mucho tiempo desde la época del síndrome de desgaste, cuando las personas VIH positivas se parecían a las víctimas del holocausto. Luego los medicamentos anti-VIH nos trajeron el “efecto Lázaro”, y se revirtieron los efectos del SIDA. A pesar de que hay muchas preguntas por responder, es obvio que los beneficios del tratamiento sobrepasan los riesgos. Es necesario hacer más estudios prospectivos para encontrar las razones de las complicaciones metabólicas de manera que la vida con el VIH sea totalmente manejable.

Mi vida con lipo

Como todo bailarín, yo solía pasar todos los días frente al espejo perfeccionándome. Me familiaricé con el movimiento de mi cuerpo y me esforcé mucho para mantener mi físico. Los bailarines deben verse lo mejor posible ya que sus cuerpos son como la tela para un pintor. El espejo es simplemente una herramienta más.

Mi objetivo era verme lo mejor posible, pero hoy, cuando me miro al espejo después de 13 años de haberme retirado de la carrera de danza, veo el aspecto del SIDA. Es un sentimiento que me perturba, al ver como los medicamentos anti-VIH me deforman. Dejando la vanidad de lado, debo admitir que mucho de lo que veo es el proceso de envejecimiento que todos debemos enfrentar. Pero hoy, como persona viviendo con SIDA desde hace 13 años (lo mismo que mi carrera de bailarín) estoy lidiando con los efectos secundarios de los medicamentos.

Los medicamentos anti-VIH me han mantenido vivo pero al mismo tiempo estoy maldecido por sus efectos secundarios. He tenido que pagar un precio por la supervivencia. Ese precio es la cara demacrada y la panza grande que veo a diario en el espejo.

Se ven los efectos de los medicamentos por todas partes. Los cuerpos sin forma (nalgas planas y caras hundidas). Es la cara del SIDA en la época de TARSA (Tratamiento Antirretroviral Sumamente Activo). Sin embargo, a pesar de nuestro aspecto estamos floreciendo. El SIDA debería haber terminado con nosotros hace mucho tiempo. Algunos dicen que es como un cuchillo de doble filo. Con riesgos y beneficios. Lamentablemente debemos enfrentar el dilema de “la apariencia” si queremos sobrevivir.

Aproximadamente 6 años atrás noté mi barriga hinchada. Pensé que era un cambio positivo ya que acababa de recuperarme de una pérdida severa de peso debido al síndrome de desgaste. Una barriga grande era algo positivo. No tenía idea que estaba experimentando un fenómeno nuevo, completamente desconocido para doctores e investigadores. La lipodistrofia se había instalado frente a mis propios ojos. Los efectos eran tan notorios que un investigador me pidió que posara para fotografías que quería usar en sus charlas.

Comencé a usar la hormona del crecimiento humano para tratar la hinchazón en la barriga y funcionó bastante bien. Pero cuando visitaba a amigos o familiares a los que no había visto por mucho tiempo, me confesaban que yo me veía “mal”. Me di cuenta de que me veía como años atrás cuando tuve síndrome de desgaste, pero en general me sentía muy bien.

Me resulta difícil mantenerme sano y en buen estado físico con un sistema inmunitario frágil y un virus que se niega a morir. Siempre me doy cuenta cuando la gente me mira y sienten curiosidad sobre qué tendré. Lamentablemente tendré que acostumbrarme a esa falta de respeto. Es frustrante saber que puedo hacer muy poco para tratar mi cara demacrada. Los implantes faciales no son una opción porque son muy caros y la compañía de seguros se rehúsa a cubrir un gasto “cosmético”, cuando en realidad se trata de cirugía reconstructiva para reparar el daño de la enfermedad y de los medicamentos.

Por eso lucho por medicamentos prometedores y con pocos efectos secundarios. Me obligaré a lidiar con mi “apariencia” y a agradecer que estoy vivo. Al menos he vivido lo suficiente como para que me llamen un sobreviviente a largo plazo y para seguir mirándome en el espejo.—Matt Sharp

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